



Hace ya unos días en un intento de ponerme al día con la actualidad, revisé algunos periódicos online, entre ellos, adn.es. En la sección de cultura encontré una noticia muy curiosa. "Michael Hughes, un fotógrafo freelance afincado en Alemania" sustituye "monumentos famosos por el souvenir más barato que pueda encontrar en los alrededores". Tras leerla, reflexiono de nuevo sobre un tema en el que he pensado muchas veces. Si estamos hartos de ver todos estos monumentos en fotos, en vídeos, en la tele,... ¿Por qué cuando llegamos a verlos en persona nos preocupamos más por hacernos una foto con ellos que por disfrutar la experiencia? ¿Nos gustan los lugares o nos gusta fardar de que hemos estado allí? Nunca se siente lo mismo al contemplar una foto que al contemplar una obra de arte, pero ¿a qué le estamos dando más importancia? Parece que sin un documento gráfico que lo justifique es como si nunca lo hubieramos visto. Al leer esta noticia pienso, al fin y al cabo, en una foto, ¿qué importa que sea de ladrillo o de plástico? al final, la imagen del Big Ben es la misma.
Y el negocio del souvenir. Muchos regalos que al final quedan en un altillo para llevarlos a la próxima tómbola que organiza el colegio. Pero también existe una cartera llena de papeles que recuerdan algún momento especial. No hace falta comprar el típico imán (aunque he de reconocer que me contradigo cuando digo q me encantan), con una simple servilleta que tu amiga guarrea con un "acuérdate de esta tarde tomando café" es suficiente. Quizás este sencillo vaso de la Estatua de la libertad habiéndola contemplado antes, sea mucho mejor que una foto contigo posando al lado. Disfruta de la experiencia y si quieres un recuerdo hazte con un vaso de papel.


