martes, 21 de junio de 2011

Trabajando con Antonio López.



























Resulta increíble que un momento en el que el arte contemporáneo parece centrarse en arte abstracto, performance, y en general lo que para la mayoría se calificaría como "arte de difícil comprensión", Antonio López, pintor hiperrealista (si nos permite clasificarle así) sea uno (sino el primero) de los más reclamados en nuestro país y parte del extranjero.

Se nos presenta la oportunidad de ver a partir de la semana próxima en el Museo Thyssen-Bornemisza su método de trabajo, su propio taller, que nos muestra a través de obras (pinturas, dibujos y esculturas) ya terminadas enfrentadas a obras a mitad de camino que permiten al espectador sentirse parte del proceso.

Personalmente está siendo una experiencia muy importante poder ver al artista más valorado (objetivamente, el más caro pintor español) trabajando día a día, codo con codo, en la próxima exposición. Es excitante para una historiadora del arte, y me atrevería a decir que para cualquier persona con un mínimo de interés por este mundillo, verle tomar decisiones, cambiar y dudar sobre cuál es la forma en la que quiere que se vea su obra, qué quiere mostrar al público, o qué le da, porqué no llamarlo así, vergüenza enseñar. Aunque algo reacio a exponer demasiadas obras inacabadas, es fascinante ver la célebre Gran Vía junto a 7 vistas aéreas aún en proceso; ver las esculturas con los dibujos preparatorios flanqueándolas, muchos de ellos con apuntes en papel cebolla superponiendo una y otra postura; su obra más inicial junto a comenzada este mismo año; ...

El propio pintor, su hija María López, Guillermo Solana (director artístico del museo), y Paula Luengo (cordinadora de la muestra), poco a poco han logrado darle a las salas la importancia, el recorrido justo que las hace interesantes, llamativas, que sitúan cada obra en el lugar que deben estar, porque aunque al principio parezca complicada su distribución y cohexión, ha conseguido una solución perfecta. Las esculturas salpicadas a lo largo de las salas, relieves, incluso un documental rodado con el propio Antonio y sus más allegados hablando sobre él hacen de esta muestra algo imprescindible.

¿Nos animamos?

A partir del próximo martes 28 de Junio y hasta el 25 de Septiembre, la exposición abrirá sus puertas en el Museo Thyssen-Bornemisza de Martes a Domingos de 10 a 19 horas (sábados hasta las 23 h.) Coste de la entrada 10 €.

2 comentarios:

Ceballos dijo...

Pues me parece que este entusiasmo por Antonio López es lógico teniendo en cuenta, como tú bien dices, este exceso de arte vanguardista/conceptualista/performance que nadie entiende ni le llega al alma, que es lo que debe hacer una buena obra de arte. Antonio López pinta, conoce su oficio y lo hace con creatividad y buen gusto. Eso es lo que quiere el gran público y no las mamarrachadas a las que nos tienen acostumbrados los curadores y "entendidos" del arte. Creo que Antonio López, más que hiperrealista, que sí lo es en algunas de sus obras, es un impresionista que nos enseña a ver con una mirada nueva.
Gracias por tu interesante información.

Esperanza Galindo dijo...

No me resulta increíble, como a ti, que en el siglo XXI estemos ya cansados, después de un siglo de valorar como vanguardia la abstracción y el arte conceptual. La figuración nunca se ha abandonado, incluso en las vanguardias históricas. Simplemente se ha simplificado. Las nueva figuración ha sido y es una fuente de renovación creativa, tras el cansancio y el tedio de la idea pura, el concepto o la provocación. A mí personalmente no me emocionan todas las obras de A. López; pues muchas son frías y adolecen de virtuosismo. Al arte no hay que pedirle tanta "habilidad", sino corazón e inteligencia, alma. Me gusta la figuración, pero no me emociona el hiperrealismo.

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